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El levantamiento indígena en Ecuador leído en dos tiempos…

Actualizado: 29 jun

Para quienes se preguntan el día de hoy ¿qué sucede en Ecuador? Y no encuentran una respuesta satisfactoria entre las declaraciones de la prensa nacional que atiza sentimientos racistas y polariza a la sociedad, o bien aseguran que no pasa nada, y que la movilización está siendo controlada por las autoridades gubernamentales, versus las noticias internacionales en cuyos titulares encontramos la frase “otra vez una crisis en el Ecuador”, les proponemos aquí hacer una lectura de este levantamiento indígena y social en dos tiempos.




El primero de ellos el inmediato, el obvio, el coyuntural aunque es difícil seguirle llamando coyuntural a un tiempo que lleva vigente más de 500 años, el tiempo de la conquista y de la colonización europea en América, durante este tiempo de cuando en cuando, en realidad con bastante frecuencia, los “indios” se levantan, literalmente salen de sus comunidades, de sus chacras de sus montañas y se aposentan en los caminos y en las ciudades mostrándonos su palpable existencia y su enojo frente a su coyuntura permanente, de colonialismo, despojo, explotación, discriminación, y olvido; volveremos más adelante a este tiempo centenario, que como una espiral de caracol o churo, se va y vuelve, un caracol que es, precisamente, el instrumento a través de cuyo soplo, los indígenas nos llaman a un levantamiento.


El tiempo de lo político


Esta vez la coyuntura está marcada por una serie de medidas neoliberales del gobierno del actual presidente Guillermo Lasso, un banquero, acusado de ser un evasor de impuestos en paraísos fiscales internacionales, que ha puesto en jaque las posibilidades de supervivencia de las personas pobres, no solo indígenas. Para que entiendan un poco a este personaje lo debemos situar en su actividad fundamental, él es un banquero, hombre de negocios, la presidencia del Ecuador fue para él una inversión que durante sus años de gobierno debería recuperar , así a poco más de un año su gestión ha empobrecido aún más a la sociedad ecuatoriana.


Con su lógica de inversor donde lo que más importa es el dinero, este gobierno ha buscado ampliar las fronteras extractivas petrolera y minera del país a toda costa, cuando asumió el cargo dijo que iba a duplicar la producción petrolera en el país, y finalmente el 20 de abril pasado, dio paso a la extracción de crudo en el campo Ishpingo, que integra el bloque ITT del parque amazónico Yasuní, hogar de los pueblos en aislamiento voluntario, a través del “Informativo Decreto 95 ¡A tiempo!”.



La minería a gran escala avanza a pasos agigantados en territorios ecológicamente sensibles y que son la casa de las nacionalidades y comunidades indígenas y campesinas de este país, en marzo pasado Lasso invitó a inversores mineros al mismísimo palacio de Carondelet en donde presentó el Decreto Nº 151, que se plantea un “Plan de Acción Minero” con nuevas condiciones para la minería en Ecuador, como la facilitación de permisos y licencias ambientales, el resultado de esto: territorios a lo largo del Río Napo destinados a la explotación minera, la explosión de proyectos mineros en el sur del país: Fierro Urco, Zaruma, entre otros de la sierra del Ecuador, y el propio Distrito metropolitano de Quito, hoy forman parte del festín minero.


En cuanto al gasto social basta con recordar, para quienes aseguran que este es un problema indígena, los acuerdos totalmente desventajosos sobre los cuales el país se ha endeudado con el FMI para supuestamente sustentar el gasto social, sin embargo se redujo con más de 200 millones de dólares el presupuesto para las universidades públicas en el último año, el sistema de salud está colapsado, además de recortes al sector público y flexibilización laboral, son los resultados de este endeudamiento. Sin mencionar que el precio del barril de petróleo ha llegado hasta los 100 dólares nos preguntamos ¿dónde están esos ingresos?


No menos importante es la crisis carcelaria que lleva cientos de muertes en menos de un año resultado del desdén y el desprecio hacia los seres humanos, por un lado, y por el otro al solapamiento de las bandas delincuenciales que, sin lugar a dudas, tienen el control de dichos espacios de muerte. Fuera de las cárceles el panorama para la sociedad no es mucho mejor, la delincuencia y el miedo de habitar el Ecuador se ha vuelto cotidiana, lejos quedó ese famoso e histórico calificativo de “Ecuador es una isla de paz”.


A esto le agregamos la farsa de un supuesto “diálogo” más que eso, ha sido solo una pantomima que insulta la inteligencia de sus interlocutores los indígenas que llevan tres o cuatro reuniones poniendo sobre la mesa las mismas problemáticas sin obtener una respuesta, eso no es un diálogo, sino una burla, una subestimación a la palabra oral tan importante en las cosmovisiones indígenas.



Ahí no termina la cosa, durante los últimos días y a lo largo del pasar de las horas se han emitido decretos que violentan nuestros derechos ciudadanos, de movilidad, reunión y comunicación. Así mismo, no podemos dejar de mencionar la toma por parte de la Policía Nacional del espacio de la Casa de la Cultura del Ecuador , que ha sido históricamente un lugar de acogida y por tanto un lugar necesario para que exista un diálogo, pues ahí se generan encuentros entre las y los manifestantes y el resto de la sociedad.


El tiempo milenario del churo.


Volvamos ahora al tiempo milenario ese en el que los indígenas permanentemente se han levantado frente a las injusticias impuestas por un sistema racista y colonial, así llegamos a los primeros levantamientos que vinieron después de los procesos violentos de conquista desde el siglo XV y de los cuales, consideramos este, el levantamiento que vivimos hoy en carne propia, forma parte.

Jumandi el líder amazónico cuyo nombre significa hombre sabio, en 1570 dirigió en la Amazonia un gran levantamiento indígena, Juan Santos Atahualpa que en un intento por restaurar el mundo indígena andino y con ayuda de los indígenas de la selva amazónica, intentó expulsar a los españoles en 1710, Fernando Daquilema que en 1870 dirigió un importante levantamiento en contra de los impuestos y la sobrexplotación de la mano de obra indígena en la sierra ecuatoriana. Ya en el siglo XX Dolores Cacuango fue una de las fundadoras de la Federación Ecuatoriana de Indios y le debemos también el impulso a la educación bilingüe en este país al igual que a la mama Tránsito Amaguaña quien también fue militante de la FEI y trabajo en el sindicalismo aboliendo las antiguas figuras de servidumbre indígena, dirigió huelgas para exigir la mejora de las condiciones laborales de los indígenas de este país.


En la década de 1990 del siglo XX no podemos dejar de mencionar lideres que protagonizaron tomas y levantamientos indígenas como Luis Macas quien fue fundador de la actual CONAIE, Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, 1986, sus protestas fueron en contra de las reformas neoliberales estructurales de la década de 1990, y ahora, Leónidas Iza son nombres que tiene en común ser indígenas, y ser los rostros más visibles de explosiones sociales que llamamos levantamientos indígenas una figura metafórica que expresa un momento en el que los indígenas levantan su voz y sus bases de apoyo y marchan a las ciudades, toman carreteras y educan nuestras conciencias.

Lo que tienen en común estos dos tiempos para leer el paro nacional que llamaremos desde ahora levantamiento indígena y popular puesto que la CONAIE ha logrado el apoyo de organizaciones campesinas, urbanas, feministas, disidencias sexuales, trabajadores y trabajadoras, que en solidaridad han logrado orquestar una de las paralizaciones más importantes que ha tenido el Ecuador en su Historia.


Como indicamos este levantamiento responde a dos tiempos, uno inmediato que se inscribe en el pliego petitorio de las organizaciones de las organizaciones sociales que incluyen 10 puntos dónde se refieren a la salud, el costo de los combustibles, los créditos y el avance de las fronteras extractivas, pero también se situa en una historia de larga duración que refiere a la voluntad indígena de justicia.



Autora: Elena Gálvez.

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